martes, 24 de marzo de 2026

"De la Oruga a la Palabra: Medio siglo de resistencia educativa en Tucumán"

 


Mensaje del Supervisor del Circuito III de la Educación de Jóvenes y Adultos y Educación No Formal Lic. Walter Daniel Robledo al territorio docentes y alumnos/as.

 

Estimados colegas y estudiantes de la Modalidad de Educación de Jóvenes y Adultos del Circuito III Tucumán:

Desde esta supervisión, nos convocamos a una pausa necesaria. Hoy 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio del proceso más oscuro de nuestra historia: el golpe de Estado cívico-militar de 1976. Para nuestra modalidad, que abraza a quienes por algún obstáculo social, económico y sistemático se postergó, recordar no es solo un ejercicio académico, sino un acto de justicia educativa.

La dictadura no solo persiguió cuerpos, sino que intentó disciplinar el pensamiento. Como señala la historiadora Pilar Calveiro en Poder y desaparición, el dispositivo represivo buscó la "reorganización" total de la sociedad mediante el terror. En Tucumán, este ensayo comenzó antes con el "Operativo Independencia", convirtiendo a nuestra provincia en un laboratorio de exclusión que luego se extendió a todo el país. Frente a este pasado, nuestra tarea hoy es alfabetizar la memoria. Como nos enseñó Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido, la educación es siempre un acto político y una práctica de la libertad. Alfabetizar la memoria significa romper la "cultura del silencio" que la dictadura intentó imponer; no solo enseñamos a leer letras, sino a "leer el mundo" para que nadie más decida por nosotros.

Desde el rigor histórico, debemos entender que el golpe fue un proyecto político-económico que necesitó del apagón cultural. Enzo Traverso, en su análisis sobre la memoria, nos advierte que el pasado es un "campo de batalla". Por ello, defender la democracia hoy exige una libertad educativa militante: una que no sea neutral, sino que se posicione éticamente en la defensa irrenunciable de los Derechos Humanos.

Hoy hago una referencia que late con fuerza propia en nuestra tierra tucumana, es imposible hablar de memoria y libertad educativa sin evocar la figura de Isauro Arancibia[1]. Como bien rescata Eduardo Rosenzvaig en su obra La oruga sobre la pizarra (o El 24, según su edición), Isauro no fue solo un dirigente; fue el maestro que entendió que "el azúcar se paga con sangre" y que la educación debía ser el arma de liberación del pueblo. Su asesinato, ocurrido la misma noche del 24 de marzo de 1976 en la sede de ATEP, donde le robaron hasta sus zapatos nuevos, simboliza el ensañamiento del poder contra el guardapolvo blanco que se niega a arrodillarse.

Arancibia es la "oruga" que, lejos de perecer, se transforma en la memoria colectiva de nuestras escuelas. Rosenzvaig nos narra esa pedagogía del compromiso: un maestro que caminaba el monte y la ciudad, convencido de que la alfabetización de los adultos era el primer paso hacia la soberanía.

Para nuestra modalidad, Isauro es el faro. Su sacrificio nos recuerda que el aula es un territorio sagrado de derechos. Al recordarlo, reafirmamos que no hay educación posible sin dignidad, y que la libertad que hoy gozamos en nuestras aulas de jóvenes y adultos fue sembrada por maestros que, como él, dieron la vida para que nosotros pudiéramos seguir enseñando y generando la libertad con compromiso de pensar y no ser pensados.

La educación de adultos es, por definición, una pedagogía de la libertad. Si la dictadura quiso sujetos dóciles y aislados, nuestras aulas de la EDJA deben ser espacios de lazo social y pensamiento crítico. Siguiendo a Elizabeth Jelin, la memoria es una herramienta transformadora; no recordamos para quedarnos en el dolor, sino para fortalecer las instituciones que garantizan que el Estado nunca más sea un victimario.

A todos los docentes y alumnos del Circuito III de EDJA:

    Ustedes son la prueba viviente de que el deseo de aprender es una forma de resistencia. Son el "inédito viable" de Freire: la demostración de que es posible transformar una situación límite en un proyecto de vida. En cada examen rendido, en cada debate en el aula y en cada título obtenido, estamos ganándole una batalla al olvido y al autoritarismo. A 50 años del golpe, sigamos escribiendo nuestra historia con la tiza de la memoria y la fuerza de la libertad. Que la democracia sea, para cada uno de ustedes, el territorio donde sus sueños dejen de ser postergados para volverse realidad.

 

Fuentes utilizadas.

  • Calveiro, P. (2004). Poder y desaparición: Los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Colihue. (Obra clave para entender la lógica del dispositivo represivo y la reorganización social mediante el terror).
  • Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo XXI Editores. (Aporta la perspectiva sociológica sobre cómo las sociedades procesan el pasado traumático y el rol de los sujetos en esa construcción).
  • Rosenzvaig, E. (1993). La oruga sobre la pizarra. Buenos Aires: Ediciones Letra Buena. (Investigación histórica y literaria fundamental sobre la vida de Isauro Arancibia y la persecución al magisterio tucumano).
  • Traverso, E. (2011). El pasado, instrucciones de uso: Historia, memoria, política. Madrid: Marcial Pons. (Texto de vanguardia sobre la relación entre el historiador, la memoria política y el uso del pasado en el presente).
  • Arancibia, I. (Pensamiento y legado). Referencia a sus documentos y militancia en ATEP (Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales) y CTERA, fundamentales para la identidad docente en la región. 
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI Editores. (Obra fundamental sobre la concientización y la educación como práctica de la libertad).


[1] Isauro Arancibia (1926-1976) Referente histórico de la educación y el sindicalismo docente en Tucumán. Maestro rural y dirigente, fue uno de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) y secretario general de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP). Su pedagogía, profundamente enraizada en la realidad social, entendía la alfabetización como una herramienta de liberación para los trabajadores del azúcar y sus familias.

Fue la primera víctima del terrorismo de Estado en nuestra provincia: en la madrugada del 24 de marzo de 1976, fuerzas represivas asaltaron la sede de ATEP donde Isauro residía junto a su hermano Arturo. Ambos fueron asesinados tras una feroz resistencia. El ensañamiento de sus captores —quienes le robaron incluso sus zapatos nuevos— convirtió a Isauro en el símbolo del guardapolvo blanco que no se doblega. Su legado hoy fundamenta la identidad de la educación de adultos, basada en la defensa de los derechos laborales y el pensamiento crítico frente a la opresión.