domingo, 22 de mayo de 2016

Máximo...lo máximo.

04/11/15
Hoy nos dijeron, luego de dos años de peregrinar por neurólogos, psicólogos, fonoaudiólogos y demás, que mi hijo posee TEA. Un trastorno del espectro autista.

Mi bebe de 4 años tiene una dispersión que ha ido disminuyendo pero que le impide desarrollar su madurez, posee algunos espasmos motrices y se babea profundamente. Mucha gente ha mirado a mi hijo como algo extraño y otras con “pena”, sí esa mirada que uno sabe cuándo alguien está siendo modificado por mi hijo, y otras lo asimilan como lo que él es, un niño feliz. A veces nos pasa que cuando Máximo inicia sus berrinches la gente nos mira acusándonos o molestándose, en las reuniones familiares, con mi esposa juntos no podemos estar charlando quince minutos seguidos y todo se resume a una posta, cuando mi esposa se cansa  la relevo, tratando de que nuestro pequeño pueda jugar con sus primos. A Máximo lo asustan los ruidos y los gritos, se tapa sus oídos y nos pide ayuda con pavor y a veces ni con el abrazo puede calmar sus miedos, y es que siente al mundo por otros costados, esos que el mismo mundo no los entiende. Quisiera estar dentro de esas sensaciones y ayudarlo desde alli pero lo único que puedo hacer por ahora es amarlo y leer mucho, mucho sobre su patología. 
Un mundo desconocido se abrió ante nuestros ojos, mi esposa y yo estamos viviendo y sufriendo, sí sufriendo porque es inevitable esa condición derrotista que siempre aflora acompañada de impaciencia y la tensión. El pensar como estudiará, si aprenderá a defenderse, a poder ocupar un lugar en la sociedad, a crear, a cantar o dibujar… uno piensa siempre en ese mañana como queriendo acelerar su evolución. Pero eso no sucede en el corto plazo y sabemos bien que para los profesionales esto de Máximo es de por vida pero como nosotros somos padres testarudos creemos en los milagros y hasta lo buscamos, aun egoístamente. 
De a poco, no sin dolor, llega el entendimiento de que los logros y avances son paso a paso, que lo mínimo es mucho y que tenerlo con vida ya es todo. Antes pensaba que mi hijo fuera un experto Historiador, superándolo al padre, o un doctor que desde la medicina social ayude a la infancia, o un aguerrido abogado que luche por las víctimas de la opresión, o un luchador gremialista que ponga el cuerpo en las marchas para defender los derechos laborales, hoy me doy cuenta que solo quiero que me abrace que me diga que me ama, que corra a buscarme, que solo me diga “papa te amo”, que pueda articular una frase entera sin babearse, que pueda correr sin tener que tirar sus brazos con fuerzas por sus espasmos, que pueda jugar con los chicos sin aislarse, que pueda dormir tranquilo sin esos movimientos nocturnos que no lo dejan descansar bien, que pueda comunicarse sin dispersarse, en fin que pueda jugar nada más que eso. Hoy veo como un gran logro cuando puede apilar más de dos cubos, cuando puede decir el nombre de su mamá y el de sus hermanos o cuando solo se da cuenta de que su lengua debe estar dentro de su boca y se seca con su manito ese hilo de baba que le corre por la comisura de sus labios. 
Con mi hijo aprendí a no ser tan exigente con mis otros hijos. A veces uno espera tanto del futuro que se olvida de vivir el presente con las pequeñas cosas que cotidianamente parecen ser tan naturales pero que son un milagro para muchos, para nosotros, para mi hijo.
Hemos pasado mucho con Máximo, hemos encontrado profesionales íntegros y humanos y otros que han visto en mi hijo solo una posibilidad económica, que les genere más que un paciente un “cliente”, las obras sociales en vez de allanar caminos nos ponen más obstáculos que hacen a veces imposible una terapia adecuada; nada de eso nos ha detenido y nada lo hará porque la esperanza y el amor hoy están fuertes y aunque de noche cuando todos duermen demos rienda suelta a nuestros contenidos dolores sabemos con mi esposa que nuestro hijo merece más nuestras lágrimas o sensaciones, merece y necesita fortaleza y que lo abracemos siempre.
Cuando nos empieza a desesperar el futuro rápido miramos lo que vamos transitando y eso nos pone siempre en carrera nuevamente, es una posta la que hacemos con mi esposa…cuando uno ya está al borde el otro está listo para largar y así una y otra vez. Nuestros otros pequeños siendo tan chicos han demostrado ser tan responsables y sensibles que nos enseñan día a día que todo es posible, se han convertido en un equipo todo terreno con su hermano, lo cuidan, le enseñan, preguntan, lo acompañan a sus terapias, creo que hasta en un punto Máximo nos ha unido de una manera mas que única.  Y  hemos comprobado que la mejor terapia para Máximo es nuestra familia; tenemos un norte puesto y allí vamos juntos, a veces mal trechos pero vamos, seguimos, andamos…en el camino hay gente que se suma pero también gente que se baja, las paradas nos enseñan y aunque con dolor la mayoría de las veces nos hacen crecer.
Ojala estas líneas sirvan para muchos, para aquellos que están viviendo esto y también para los que no, para que puedan ver en las pequeñas cosas de la vida lo esencial, para que cuando vean a unos papás remar con un niño que llora o se enoja exageradamente puedan darse el tiempo de pensar que algo les pasa y que no pueden ser solo caprichos. 
 Tener un hijo con un diagnostico así te hace, no sin lagrimas, pasar del "porque" al "para que". También te hace ir a tientas pero jamás sin esperanzas, jamás sin amor. 
Nuestro hijo Máximo es… lo máximo.
Hasta pronto.

domingo, 1 de mayo de 2016

La Tierra de los Indios el “nuevo objetivo” para construir el “nuevo Estado”.



Los primitivos dueños de la tierra venían resistiendo la conquista del “hombre blanco” desde la llegada de Solís, en 1516. Don Pedro de Mendoza debió abandonar Buenos Aires en 1536 por la hostilidad de los pampas. Sólo a partir de la creación del virreinato y la consecuente presencia de un poder político y militar fuerte, fue posible establecer una línea de fronteras con el indio medianamente alejada de los centros urbanos.  Veamos:
Rosas y el inicio de las campañas del desierto.
·      Rosas, haciéndose eco de las demandas de sus colegas estancieros sobre los constantes robos de ganado por parte de los indios, encabezó la primera campaña al desierto. Entre 1833 y 1834, al concluir su primera gobernación, Juan Manuel de Rosas, emprendió la primera campaña financiada por la provincia y los estancieros bonaerenses preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades. Según un informe que Rosas presentó al gobierno de Buenos Aires a poco de comenzar la conquista, el saldo fue de 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y se rescataron 1.000 cautivos blancos.
El sometimiento aborigen al "nuevo estado"
·      Tiempo después el gobierno de Avellaneda, a través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina impulsó una campaña para extender la línea de frontera hacia el Sur de la Provincia de Buenos Aires. El plan de Alsina era levantar poblados y fortines, tender líneas telegráficas y cavar un gran foso, conocido como la "zanja de Alsina", con el fin de evitar que los indios se llevaran consigo el ganado capturado. Antes de poder concretar del todo su proyecto, Alsina murió y fue reemplazado por el joven general Julio A. Roca. La política desarrollada por Alsina había permitido ganar unos 56 mil kilómetros cuadrados, extender la red telegráfica, la fundación de cinco pueblos y la apertura de caminos.  El nuevo ministro de Guerra aplicará un plan de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática. El propio Roca había definido con sus palabras la relación de fuerzas: "Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva". El saldo fue el de miles de indios muertos, catorce mil reducidos a la servidumbre, y la ocupación de quince mil leguas cuadradas, que se destinarían, teóricamente, a la agricultura y la ganadería. Las enfermedades contraídas por el contacto con los blancos, la pobreza y el hambre aceleraron la mortandad de los indígenas patagónicos sobrevivientes. El padre salesiano Alberto Agostini brindaba este panorama: "El principal agente de la rápida extinción fue la persecución despiadada y sin tregua que les hicieron los estancieros, por medio de peones ovejeros quienes, estimulados y pagados por los patrones, los cazaban sin misericordia a tiros de winchester o los envenenaban con estricnina, para que sus mandantes se quedaran con los campos primeramente ocupados por los aborígenes”.
·      El éxito obtenido en la llamada “conquista del desierto” prestigió frente a la clase dirigente la figura de Roca y lo llevó a la presidencia de la república. Para el estado nacional, significó la apropiación de millones de hectáreas. Estas tierras fiscales que, según se había establecido en la Ley de Inmigración, serían destinadas al establecimiento de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas irrisorias. Algunos ya eran grandes terratenientes, otros comenzaron a serlo e inauguraron su carrera de ricos y famosos. Los Pereyra Iraola, los Álzaga Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez, ya tenían algo más que dónde caerse muertos. Algunos de ellos se dedicarán a la explotación ovina poblando el desierto con ovejas; otros dejarán centenares de miles de hectáreas sin explotar y sin poblar, especulando con la suba del precio de la tierra. Aún hoy, el territorio de Santa Cruz tiene un porcentaje de medio habitante por kilómetro cuadrado.  Roca había dicho: "Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina, que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto, y el poder de los imperios, a costa de sangre y el sudor de muchas generaciones".
En definitiva lo que buscaba el estado que estaba surgiendo era un ciudadano nuevo, capaz de reconocer su poder por encima de cualquier “obstáculo” y el indio parecía ser uno.  De esta manera se aumentó la concentración de tierras y se fue afirmando un feudalismo americano, pero la idea del Estado se había dado, el territorio fue "civilizado".

Roca en plena conquista del desierto.