jueves, 23 de julio de 2026

El Trapo Sagrado, la Libertad de Rodillas y el Eco de las Islas

 

En Argentina, el verde césped nunca ha sido un espacio neutral, es un territorio donde el mito y la historia colisionan, una trinchera donde lo profano roza lo sagrado. Cuando los futbolistas de la Selección levantaron en el Mundial esa tela blanca, escrita a las apuradas con aerosol y en letras poco uniformes desataron un ritual de comunión colectiva. Ese trapo rústico, imperfecto en su caligrafía, pero quirúrgico en su mensaje, tuvo la potencia telúrica de poner la discusión nuevamente en el tapete mundial. En un planeta hiperconectado pero amnésico, donde generaciones enteras crecieron en el extranjero sin haber oído jamás de la causa Malvinas, ese retazo de tela fue una lección de geografía e historia dictada ante los ojos de miles de millones.

Es ahí donde la antropología cultural de las identidades nacionales revela su verdadera potencia mística: la nación no se escribe en la frialdad de los boletines oficiales, sino en el calor de esas "comunidades imaginadas" de las que hablaba Benedict Anderson, donde un hilo invisible conecta la memoria de los caídos en 1982 con el pecho encendido de un deportista. El fútbol, que según los analistas de salón sirve solo como el opio de los pueblos para distraer y anestesiar, mutó de pronto en un tribunal de justicia simbólica. Hoy sirvió para declarar, para gritarle al mundo una verdad incómoda. Este nacionalismo defensivo y popular, teorizado por Arturo Jauretche como el anticuerpo indispensable contra la colonización cultural, opera como una epifanía en la vitrina más grande de la tierra, exponiendo una herida abierta que la burocracia global y el enemigo de adentro intentan suturar con el olvido. Porque esa bandera de aerosol no solo apuntó hacia los usurpadores del Atlántico Sur, también desnudó al enemigo interno que siempre pulula en las sombras de nuestra historia, agazapado en su obsecuente cipayismo.

Este estallido de soberanía popular choca de frente contra la realidad gubernamental actual, abriendo una grieta insalvable entre el pulso de la calle y la “diplomacia” del despacho presidencial. Mientras el pueblo rescata su mística territorial en los estadios, el Poder Ejecutivo nacional ensaya una reverencia genuflexa ante el eje angloestadounidense, encarnada en la confesada admiración de nuestro presidente por Margaret Thatcher. Aquí la filosofía política de la "libertad" —caballito de batalla del discurso oficial— se desmorona en su propia contradicción ontológica. ¿De qué libertad se habla cuando se rinde pleitesía a la encarnación del imperialismo colonial? Admirar a quien ordenó el hundimiento criminal del crucero General Belgrano fuera de la zona de exclusión no es un pragmatismo ideológico, es una capitulación ética y metafísica. El gobierno incurre en lo que Frantz Fanon denunciaba desde la sociología del trauma colonial: la alienación profunda de una élite cipayista que,
buscando la palmada aprobatoria del opresor, internaliza su lógica de dominación y desprecia el dolor, la sangre y la heredad de su propio pueblo.

Este ir y venir entre la resistencia del barro popular y la sumisión de los que supuestamente nos representan reactiva el viejo péndulo de la historia argentina. Mientras la sociología de las masas nos muestra al fútbol transmutando el juego en un hecho maldito para el orden establecido, la arquitectura oficial del Estado pretende reducir la patria a una mera corporación transaccional o a un mercado desprovisto de memoria. Pretender insertar al país en el concierto de naciones mediante la entrega simbólica y la obsecuencia al invasor es una fantasía de servidumbre voluntaria. La paradoja es total y flagrante en pleno siglo XXI: se pregona una libertad abstracta en los atriles económicos mientras se convalida el anacronismo violento de un enclave militar y extractivista en nuestro propio suelo. Pero la soberanía no se remata en la timba financiera de los dóciles ante el capital extranjero. La Selección dictó una cátedra de dignidad ontológica: si un proyecto político utiliza la palabra "libertad" pero es incapaz de repudiar el imperialismo que le mutila el mapa, no está construyendo futuro por el contrario está de rodillas ante el pasado colonial.

La final del mundo se jugó ante España, pero en realidad se la vivió antes con ese partido inolvidable frente a Inglaterra, es esa la copa real que consiguió el seleccionado argentino. Ahora con las luces de los estadios se apagaron, pero quedó grabado en las retinas del mundo ese pedazo de tela blanca manchado de aerosol. Es el grito de un pueblo que se niega a ser huérfano de su propia historia. Porque mientras los palacios oficiales sigan mudos por su genuflexión ante Londres y Washington, las tribunas y las canchas seguirán hablando el lenguaje de la lealtad. No hay olvido posible cuando la memoria colectiva arde. Malvinas no es una línea en un tratado de comercio, es el frío de las trincheras, es el dolor de las madres, es el heroísmo de los pibes que se convirtieron en centinelas eternos. Ese trapo desprolijo y glorioso fue un abrazo místico a la distancia, una promesa inquebrantable de que no importa cuán de rodillas quiera ponerse el gobierno de turno, el pueblo argentino caminará siempre erguido, custodiando el fuego sagrado de la patria, esperando el día en que la celeste y blanca vuelva a flamear donde siempre debió estar. Porque la libertad real no pide permiso al imperio, se ejerce con la dignidad de saber quiénes somos y a quiénes lloramos.

 

jueves, 9 de julio de 2026

Las Dos Postales de la Libertad: Cuando la Tiza y el Libro Vencieron al Cotillón

 (9 de julio de 2026)

Hay momentos en la gestión educativa donde el cuerpo, cansado por las exigencias cotidianas y las tensiones del día a día, de golpe se detiene, respira hondo y comprende el sentido exacto de toda una vida dedicada a la escuela pública. El pasado 9 de Julio, la Modalidad de Educación Permanente de Jóvenes y Adultos de Tucumán no solo desfiló: plantó un manifiesto político, pedagógico y humano en plena avenida patria.

La jornada comenzó a latir temprano. A las 10:30 de la mañana, sosteniendo firmes el cartel que señalaba el punto de encuentro de la EPJA, vimos aparecer los contingentes. De cada rincón de la provincia, alumnos, docentes y directores confluían en una mañana donde un sol brillante y reconfortante parecía bendecir la patriada. En ese abrazo inicial, comenzamos a repartir las bufandas sublimadas: celestes con el sol patrio para cobijar el entusiasmo de los estudiantes del nivel secundario, y blancas para vestir el compromiso del equipo docente y técnico. No había cotillón de corso, no había camiones ornamentados. Había una estética de la dignidad.

Toda la simbología que alguna vez soñamos en un escritorio estuvo allí, latiendo en el asfalto. Desde las "Pizarras de la Libertad" que abrieron la pasada con la fuerza de la alfabetización, cruzando la solemnidad del secundario y sus lecturas, hasta la potencia arrolladora de la Formación Profesional con sus ponchos de la Revolución y sus herramientas de trabajo real. Cuando la columna de 400 almas cruzó frente al palco oficial, el aire cambió. Hubo un silencio de respeto y luego un aplauso diferente, espeso, conmovido. El pueblo tucumano entendió que allí marchaba su propia historia. En algún rincón invisible del lugar, Paulo Freire aplaudía emocionado al ver que la humildad poderosa de las vanguardias pedagógicas le daba un sentido liberador al Día de la Independencia.

Como educador, uno aprende a entrenar la mirada para rescatar lo invisible. Al terminar el trayecto del desfile, con la emoción desbordando el pecho, pude resumir esa gesta histórica en dos postales que justifican cada hora de desvelo, cada proyecto defendido y cada trago amargo de la gestión:

La primera postal nos devuelve el rostro de la justicia pedagógica. Una persona mayor de cabello ceniza, miraba el entorno con un asombro tierno y sagrado. A su lado, codo a codo, su docente, sosteniéndola, validándola. En sus manos, portaba una de nuestras pizarras construidas con esfuerzo comunitario, donde una tiza blanca y firme gritaba al mundo: "MI NUEVA OPORTUNIDAD". Esa mirada, despojada de culpas pasadas y preñada de futuro, nos entregó el mensaje más poderoso de la jornada. El sistema alguna vez la excluyó, pero la escuela pública la trajo de regreso para reclamar su destino.

La segunda postal terminó por desarmar cualquier intento de objetividad burocrática. En medio del bullicio ensordecedor de las tribunas, de los gritos y los movimientos, un joven estudiante del secundario —con su bufanda celeste cruzada—absorto y completamente ajeno al resto del universo. En sus manos no llevaba el libro como un decorado para la foto o como utilería, lo tenía abierto y lo leía. Devoraba las páginas, habitando su propio territorio de libertad. Él no usaba el libro para mostrarlo, el libro ya era parte de su identidad conquistada. Yo leí ese momento y supe que solo esa imagen pagaba con creces cada paso dado en este camino.

Nada de esta revolución en movimiento hubiera sido posible sin la maquinaria invisible que sostuvo el andar. Al finalizar la jornada, me embargó una emoción profunda al observar a mi equipo de secretarios de supervisión. Sin necesidad de directivas, sin que nadie tuviera que recordarles sus roles, se convirtieron en un solo cuerpo. Se apoyaron entre ellos, cuidaron a cada alumno del contingente, resolvieron cada imprevisto en silencio. Fue una sintonía perfecta: con solo mirarnos, interpretaron el espíritu de lo que nos estábamos jugando en la calle.

La EPJA que creamos y en la que creemos no regala credenciales vacías; repara la historia personal de nuestro pueblo. Nos retiramos de la trinchera diaria sabiendo que la semilla no solo germinó, sino que ya se transformó en un bosque de tiza, libros y herramientas que nadie podrá talar. ¡Gracias, Circuito III! ¡Gracias, Tucumán! La escuela pública sigue abierta, y volver a empezar sigue siendo nuestro derecho más sagrado.

domingo, 10 de mayo de 2026

Tucumán: Donde la Justicia es un Privilegio y la Verdad un Despojo.

 

En Tucumán, el tiempo no cura. El tiempo, en manos de la justicia, simplemente pudre la esperanza. Han pasado dos décadas desde aquella madrugada de febrero de 2006, veinte años en los que el nombre de Paulina Lebbos dejó de ser solo el de una estudiante de comunicación con sueños, para transformarse en el espejo más cruel de una provincia donde el poder político y el judicial parecen haber sellado un pacto de sangre.

El manual de la impunidad institucional (cronología de errores y encubrimientos). 

  • Falsificación del hallazgo (Tapia): Cuando el cuerpo de Paulina fue encontrado el 11 de marzo de 2006, la policía montó una farsa. Se obligó a agentes a firmar actas donde decía que el hallazgo fue producto de un rastrillaje policial, cuando en realidad lo habían encontrado los hermanos Goitea, unos lugareños. Esta mentira buscaba controlar la escena para destruir pruebas.
  • Destrucción sistemática de ADN: Bajo la custodia del Estado, las pruebas biológicas "desaparecieron" o se degradaron. Se denunció que la bioquímica a cargo destruyó larvas clave para determinar la fecha exacta de la muerte y permitió que pelos hallados en el cadáver se contaminaran hasta ser inútiles.
  • El rol de la "Cúpula del Encubrimiento": En 2019, la justicia tucumana no tuvo más remedio que condenar a los responsables de desviar la investigación:
    • Eduardo Di Lella: Exsecretario de Seguridad (condenado a 6 años).
    • Hugo Sánchez: Exjefe de la Policía (condenado a 6 años).
    • Luis Nicolás Barrera: Exsubjefe de la Policía.
    • Héctor Rubén Brito: Exjefe de la Regional Norte.
  • El Fiscal de la Impunidad: Carlos Albaca, quien tuvo la causa durante siete años, fue condenado en 2021 por paralizar la investigación deliberadamente, ocultando y haciendo desaparecer elementos probatorios que apuntaban al poder. 

Tucumán ha perfeccionado una forma de crueldad: la de otorgar justicia a cuentagotas para que, al final del camino, el vaso siempre termine vacío. La reciente absolución de César Soto y Sergio Kaleñuk no es un error judicial: es el resultado lógico de una maquinaria de encubrimiento que funcionó a la perfección durante dos décadas. ¿Cómo se puede condenar a un asesino si el propio Estado se encargó de lavar la sangre, quemar los pelos y falsificar las actas apenas el cuerpo tocó la tierra de Tapia?

El reciente veredicto de este mayo de 2026 no es solo una absolución técnica, es un cachetazo de realidad. La justicia tucumana ha oficializado lo que muchos temíamos: el crimen perfecto existe cuando los sospechosos orbitan cerca del sol del poder. Durante el debate, vimos lo mismo de siempre: testimonios que se desvanecen, pruebas que se pierden en la nebulosa del tiempo y una fiscalía que, en el tramo final, soltó la mano de la acusación.

Pero no nos engañemos. Esta causa hace mucho que dejó de ser una carpeta en un juzgado para convertirse en una herida colectiva. Ya no es solo la lucha de un hombre contra un sistema. Hoy, Paulina nos duele a todos. Nos duele a los padres que despedimos a nuestros hijos cuando salen a bailar y sentimos ese frío en la nuca, sabiendo que, si algo sucede, la policía que debería cuidarnos es la misma que —como se probó con las condenas a la cúpula de seguridad en 2019— es capaz de plantar pruebas, falsificar actas y mutilar la verdad en una banquina.

En el centro de este desierto ético se erige, gigantesca, la figura de Alberto Lebbos. Un hombre que ha gastado sus suelas y su garganta en la Plaza Independencia cada martes, sin faltar a la cita con la memoria. Alberto no solo es el padre de Paulina; es el fiscal de la conciencia tucumana. Hoy, cuando lo miramos, no vemos a una víctima, vemos la reserva moral de una provincia que se niega a naturalizar que sus hijos puedan desaparecer en el agujero negro de la impunidad. La figura de este padre valiente enaltece lo que la política degrada: la dignidad de no rendirse ante el "carpetazo" o el soborno.  Alberto es el parangón de la dignidad frente a una justicia "a la carta", diseñada para que los poderosos duerman tranquilos mientras las familias de las víctimas caminan bajo el sol de la Plaza Independencia. Su lucha nos interpela a todos: si el Estado pudo borrar las huellas del crimen de Paulina para proteger a los suyos, ¿quién nos asegura que no lo hará mañana con nuestros hijos?

Lo cierto ques hoy, Paulina Lebbos sigue desapareciendo un poco más cada vez que un juez firma una absolución por el "beneficio de la duda". A los Tucumanos nos queda la memoria, nos queda el ejemplo de un padre, nos queda la bronca de saber que, en esta tierra, la verdad sigue siendo una desaparecida más.  Ya no esperamos nada de los tribunales, aprendimos con el ejemplo de Alberto. Porque si bien la justicia nos ha fallado, la memoria es un territorio que el poder todavía no ha podido alambrar. Paulina no descansa, y nosotros, mientras no haya verdad, tampoco deberíamos hacerlo.

Que el silencio de los jueces no sea el nuestro.



 

 

 

sábado, 2 de mayo de 2026

El péndulo de la historia: De la sangre en Chicago al retroceso en el Plata.

 

La historia del movimiento obrero no es una línea recta de progreso, sino un campo de batalla permanente. El 1° de mayo de 1886, en las calles de Chicago, el mundo fue testigo de un grito que se volvió universal: "8 horas de trabajo, 8 de recreación y 8 de descanso". Aquella consigna, pagada con la vida de los mártires condenados sin pruebas en un juicio farsa, fue el cimiento de la dignidad moderna. Durante más de un siglo, Argentina fue el faro de estas conquistas en América Latina, construyendo un modelo de protección social que hoy, en un giro trágico del destino, está siendo desmantelado bajo la retórica de la "modernización".

Lo que presenciamos en la Argentina de 2026 es un anacronismo cruel. Mientras la historia dictaba que los derechos sociales eran irreversibles, la nueva reforma laboral impone un retroceso que nos devuelve a las sombras del siglo XIX. La creación del Fondo de Asistencia Laboral para reemplazar indemnizaciones, la instauración de bancos de horas que borran la frontera entre el tiempo de vida y el tiempo de producción, y el ataque a la estructura de los sindicatos por rama, no son "modernidad"; son la resurrección de la precarización que nuestros abuelos creyeron haber derrotado.

El nudo más cínico de esta trama se encuentra en la traición política. Es desgarrador observar a dirigentes que se dicen herederos de la justicia social actuar como verdugos de su propia base. El caso de los legisladores  de, Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones es el paradigma de este oportunismo, ellos fueron claves para aprobar la Reforma Laboral , hubo un caso en una provincia del norte argentino donde el peronismo “unido” cerraba una campaña electoral entre bombos y banderas sindicales, prometiendo defensa a ultranza de los trabajadores, pero luego sus diputados electos levantaron la mano a favor de una ley que asfixia al trabajador, o el caso de los legisladores peronistas de Catamarca que fueron vitales para dar quórum a esa sesión, aunque luego votaron en contra, sabiendo que de todas maneras se aprobaría, más oportunismo que eso imposible. La "rosca de tribunales" y despachos oficiales revela una casta política que, independientemente de su color partidario, ha decidido que el ajuste es el único idioma posible, aunque eso signifique votar en contra de la propia sangre del pueblo.

Sin embargo, el argumento central del avance libertario —que la flexibilización traería prosperidad— se estrella contra la pared de la realidad. Las cifras no mienten y son el epitafio de la teoría del derrame: entre 2023 y 2026, el empleo formal ha caído casi un 4%, la informalidad asfixia a más del 42% de la población y la pobreza sigue su marcha ascendente, consolidando la figura del "trabajador pobre". La reforma no ha creado trabajo; ha legalizado la miseria, demostrando que quitar derechos no genera riqueza, solo garantiza que el dolor de la recesión recaiga exclusivamente sobre los hombros de quienes producen.

Ante este atropello, la postura de la Confederación General del Trabajo (CGT) resulta de una pasividad que raya en la complicidad. Su "manual de la derrota", basado en comunicados tibios y estrategias judiciales estériles, es un insulto a la memoria de la lucha obrera. Mientras el capitalismo más voraz arrasa con convenios históricos y derechos consagrados, la cúpula sindical parece más preocupada por mantener sus privilegios en el palacio que por movilizar al ejército de trabajadores que hoy se sienten huérfanos. La historia no será clemente con quienes, teniendo el poder de rodear Tribunales con cientos de mil personas para defender la vida, prefirieron el silencio de los pasillos y la cortesía con el poder de turno.

Hoy, el trabajador argentino se encuentra en una encrucijada donde el pasado y el presente chocan con violencia. Mirar el 1° de mayo no puede ser un acto de nostalgia, sino un recordatorio de que ningún derecho se regala, todos se arrancan.

Cuando el estado de sitio se disfraza de ley y la traición se viste de gestión, la única verdad que queda es la calle y la huelga. Es hora de despertar del letargo de la desilusión; si no somos capaces de defender lo que los mártires ganaron con su vida, seremos la generación que entregó a sus hijos a la esclavitud con la mirada baja.

El silencio de las fábricas y el hambre en los hogares argentinos no son producto de la fatalidad, sino de la claudicación. Mirar el 1° de mayo como un simple feriado en el calendario es escupir sobre la tumba de los mártires de Chicago; es aceptar que la sangre derramada por la dignidad fue en vano. Estamos siendo testigos de un crimen histórico: la entrega de un siglo de conquistas a cambio de una "libertad" que solo sirve para elegir bajo qué puente morir de hambre.

No hay honor en la paciencia cuando el futuro de nuestros hijos se subasta en despachos oficiales y se firma con la pluma de traidores que ayer besaban la bandera del trabajador. Si permitimos que el miedo nos gane, si aceptamos las migajas de este banquete de buitres, seremos la generación más cobarde de la historia: aquella que recibió derechos de gigantes y entregó esclavitud a sus herederos. La historia no perdona a los tibios ni olvida a los cómplices. Es momento de que el rugido de la clase obrera haga temblar los cimientos de este castillo de naipes, porque si nos quitan el derecho a vivir con dignidad, les quitaremos a ellos el derecho a dormir tranquilos. Que la bronca se haga lucha, porque un pueblo que olvida cómo defender su pan, está condenado a recoger las migajas del banquete ajeno.

martes, 24 de marzo de 2026

"De la Oruga a la Palabra: Medio siglo de resistencia educativa en Tucumán"

 


Mensaje del Supervisor del Circuito III de la Educación de Jóvenes y Adultos y Educación No Formal Lic. Walter Daniel Robledo al territorio docentes y alumnos/as.

 

Estimados colegas y estudiantes de la Modalidad de Educación de Jóvenes y Adultos del Circuito III Tucumán:

Desde esta supervisión, nos convocamos a una pausa necesaria. Hoy 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio del proceso más oscuro de nuestra historia: el golpe de Estado cívico-militar de 1976. Para nuestra modalidad, que abraza a quienes por algún obstáculo social, económico y sistemático se postergó, recordar no es solo un ejercicio académico, sino un acto de justicia educativa.

La dictadura no solo persiguió cuerpos, sino que intentó disciplinar el pensamiento. Como señala la historiadora Pilar Calveiro en Poder y desaparición, el dispositivo represivo buscó la "reorganización" total de la sociedad mediante el terror. En Tucumán, este ensayo comenzó antes con el "Operativo Independencia", convirtiendo a nuestra provincia en un laboratorio de exclusión que luego se extendió a todo el país. Frente a este pasado, nuestra tarea hoy es alfabetizar la memoria. Como nos enseñó Paulo Freire en su Pedagogía del oprimido, la educación es siempre un acto político y una práctica de la libertad. Alfabetizar la memoria significa romper la "cultura del silencio" que la dictadura intentó imponer; no solo enseñamos a leer letras, sino a "leer el mundo" para que nadie más decida por nosotros.

Desde el rigor histórico, debemos entender que el golpe fue un proyecto político-económico que necesitó del apagón cultural. Enzo Traverso, en su análisis sobre la memoria, nos advierte que el pasado es un "campo de batalla". Por ello, defender la democracia hoy exige una libertad educativa militante: una que no sea neutral, sino que se posicione éticamente en la defensa irrenunciable de los Derechos Humanos.

Hoy hago una referencia que late con fuerza propia en nuestra tierra tucumana, es imposible hablar de memoria y libertad educativa sin evocar la figura de Isauro Arancibia[1]. Como bien rescata Eduardo Rosenzvaig en su obra La oruga sobre la pizarra (o El 24, según su edición), Isauro no fue solo un dirigente; fue el maestro que entendió que "el azúcar se paga con sangre" y que la educación debía ser el arma de liberación del pueblo. Su asesinato, ocurrido la misma noche del 24 de marzo de 1976 en la sede de ATEP, donde le robaron hasta sus zapatos nuevos, simboliza el ensañamiento del poder contra el guardapolvo blanco que se niega a arrodillarse.

Arancibia es la "oruga" que, lejos de perecer, se transforma en la memoria colectiva de nuestras escuelas. Rosenzvaig nos narra esa pedagogía del compromiso: un maestro que caminaba el monte y la ciudad, convencido de que la alfabetización de los adultos era el primer paso hacia la soberanía.

Para nuestra modalidad, Isauro es el faro. Su sacrificio nos recuerda que el aula es un territorio sagrado de derechos. Al recordarlo, reafirmamos que no hay educación posible sin dignidad, y que la libertad que hoy gozamos en nuestras aulas de jóvenes y adultos fue sembrada por maestros que, como él, dieron la vida para que nosotros pudiéramos seguir enseñando y generando la libertad con compromiso de pensar y no ser pensados.

La educación de adultos es, por definición, una pedagogía de la libertad. Si la dictadura quiso sujetos dóciles y aislados, nuestras aulas de la EDJA deben ser espacios de lazo social y pensamiento crítico. Siguiendo a Elizabeth Jelin, la memoria es una herramienta transformadora; no recordamos para quedarnos en el dolor, sino para fortalecer las instituciones que garantizan que el Estado nunca más sea un victimario.

A todos los docentes y alumnos del Circuito III de EDJA:

    Ustedes son la prueba viviente de que el deseo de aprender es una forma de resistencia. Son el "inédito viable" de Freire: la demostración de que es posible transformar una situación límite en un proyecto de vida. En cada examen rendido, en cada debate en el aula y en cada título obtenido, estamos ganándole una batalla al olvido y al autoritarismo. A 50 años del golpe, sigamos escribiendo nuestra historia con la tiza de la memoria y la fuerza de la libertad. Que la democracia sea, para cada uno de ustedes, el territorio donde sus sueños dejen de ser postergados para volverse realidad.

 

Fuentes utilizadas.

  • Calveiro, P. (2004). Poder y desaparición: Los campos de concentración en Argentina. Buenos Aires: Colihue. (Obra clave para entender la lógica del dispositivo represivo y la reorganización social mediante el terror).
  • Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo XXI Editores. (Aporta la perspectiva sociológica sobre cómo las sociedades procesan el pasado traumático y el rol de los sujetos en esa construcción).
  • Rosenzvaig, E. (1993). La oruga sobre la pizarra. Buenos Aires: Ediciones Letra Buena. (Investigación histórica y literaria fundamental sobre la vida de Isauro Arancibia y la persecución al magisterio tucumano).
  • Traverso, E. (2011). El pasado, instrucciones de uso: Historia, memoria, política. Madrid: Marcial Pons. (Texto de vanguardia sobre la relación entre el historiador, la memoria política y el uso del pasado en el presente).
  • Arancibia, I. (Pensamiento y legado). Referencia a sus documentos y militancia en ATEP (Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales) y CTERA, fundamentales para la identidad docente en la región. 
  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI Editores. (Obra fundamental sobre la concientización y la educación como práctica de la libertad).


[1] Isauro Arancibia (1926-1976) Referente histórico de la educación y el sindicalismo docente en Tucumán. Maestro rural y dirigente, fue uno de los fundadores de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) y secretario general de la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales (ATEP). Su pedagogía, profundamente enraizada en la realidad social, entendía la alfabetización como una herramienta de liberación para los trabajadores del azúcar y sus familias.

Fue la primera víctima del terrorismo de Estado en nuestra provincia: en la madrugada del 24 de marzo de 1976, fuerzas represivas asaltaron la sede de ATEP donde Isauro residía junto a su hermano Arturo. Ambos fueron asesinados tras una feroz resistencia. El ensañamiento de sus captores —quienes le robaron incluso sus zapatos nuevos— convirtió a Isauro en el símbolo del guardapolvo blanco que no se doblega. Su legado hoy fundamenta la identidad de la educación de adultos, basada en la defensa de los derechos laborales y el pensamiento crítico frente a la opresión.

lunes, 20 de julio de 2020

La Amistad una cuestión de Virtud.

El día del amigo rodeado de todo el merchandising ha alejado a unos cuantos que nos rebelamos ante la mercantilización de este sentimiento, y ha acercado a  muchos que se plegaran a festejarlo como si fuera el último día en el universo, aunque luego de la "juntada" no se vuelva a saber de ese otro "amigo" hasta el año que viene con suerte.
La amistad es un vinculo que uno elige libremente, es esa familia que uno por afinidad desea crear con el ese otro al que se llama amigo/amiga, pero ¿bajo que necesidad uno lo hace? ¿se busca el placer de la compañía? ¿es beneficioso ser amigo de alguien en particular? y en todo caso si se busca esto ¿es eso amistad?. 
Aristóteles le otorga a la amistad una parte importante en sus reflexiones, en su obra Ética a Nicómaco (una de las mas importantes sobre la ética Aristotélica) le dedica dos libros VIII y IX y le concede un espacio mucho más amplio que a otros temas éticos. Esto responde a que para él la amistad formaba parte de algo único en la vida del ser humano, en sus palabras era "lo más necesario para la vida del hombre", lo mas necesario para una vida feliz. 
La amistad es una virtud en si misma, en el capitulo VIII decía que  "la amistad o es virtud o esta acompañada de virtud", sabemos que la virtud a que se refería Aristóteles es la que permite al hombre hacer las cosas bien, la amistad por ende es buscar el bien no por un beneficio personal sino porque así debe serlo. Es entonces un fin en si mismo, es lo que hace que la amistad posea componentes de la ética. 
Creo que pasamos por la vida experimentando formas alternas de amistad, hay veces que la confundimos con el placer de la compañía, hay personas que nos deslumbran y creemos que esa luz nos iluminara siempre, la mutua compañía basada en ese placer, en el asombro por el otro es tan pasajera como la asociación por intereses por utilidad. Encontramos gente en el camino que nos enseñan cosas y encontramos otras a las cuales enseñar cosas. Somo útiles para otros y tenemos quienes lo son para nosotros, pero una vez terminado el fin útil el vinculo se diluye. No esta mal, pero no hay amistad virtuosa allí esa que Aristóteles llamaba "la amistad honesta" donde hay un deseo, pero no es para uno sino para el otro, el amigo/a. Esa amistad es duradera porque la hace virtuosa el deseo del bien para el otro, donde no importa no recibir placer, utilidad, donde la felicidad está basada en el bienestar del otro, y donde no se espera reciprocidad porque la hay sin pedirla.
Se podrá decir que la amistad que propone Aristóteles es elevada para estos tiempos, o para el ser humano quizás (si buscamos una una posición ius naturalista, el hombre por naturaleza es el lobo del hombre) pero es hermoso poder pensar en una amistad donde uno quiera para el amigo lo que desea para uno mismo. 
En lo personal creo que la amistad nos hace mejores personas, nos abre el corazón, nos sensibiliza y saca la mejor versión de ser humano, creo ademas que si nos acostumbramos a cultivar la amistad desde ese lugar sin esperar algo a cambio podríamos sanear la sociedad y quizás hacer de este mundo un lugar lejos de las competencias y meritocracias. 

jueves, 9 de julio de 2020

Entre contradicciones y paradojas de la época independentista.

En la sociedad de la época colonial todo era bastante desigual, lo seguirá siendo aun después de 1816. Al analizar dos puntos de contradicciones: el social y los objetivos de la revolución se demuestran las demoras de un proceso que se extendió por las oscilaciones en las clases de la época. 
Si de contradicciones o injusticias tratamos veamos el caso de negros, mestizos, zambos que no podían acceder a cargos civiles ni eclesiásticos, los esclavos no tenían libertades y los indígenas eran separados de la sociedad hispano criolla. Desde lo más trivial pero esencial como la vestimenta, también era un símbolo de diferenciación, que tenia costos elevados por lo que era bien diferente como vestían. Mientras en la élite se imponía las levitas, casacas y trajes en los sectores medios y la plebe era característico el poncho o chaquetas. Era común que el esclavo vistiera ropa de su amo, que a veces le quedaba bastante grande y llegaba a quedar como jirones por el uso. El poncho se solía usar incluso sobre las carnes, de ahí el mote de descamisados. Un jornalero para poder comprarse ropa debía trabajar más de un mes. Hacia 1813 con la Asamblea Constituyente, donde se declaraba la Libertad de Vientres los esclavos esperanzados miraban la posibilidad de esa libertad, una que era pretendida hacía tiempo. Situación que era totalmente resistida por alguna parte de la sociedad que no veían con agrado estos avances en derechos civiles. 

Mientras la clase popular buscaba una libertad civil la oligarquía comercial miraba desde sus intereses la ventaja de un nuevo amo. La verdad es que para este sector era mas conveniente buscar un protectorado ingles, sin tener en cuenta el intento de las invasiones de 1806 y 1807. Lo cierto es que esa oportunidad fueron los criollos y el pueblo bajo los que organizaron la expulsaron de los ingleses, eso quedaría en el olvido para la élite Río Platense a la hora de pensar en el comercio. Se buscaba salir de un dominio colonial español pero entrar en  uno ingles. 

Los "revolucionarios" de mayo no querían ir contra el rey y se ensayó una táctica que implicaba una revolución diplomática, "la mascara de Fernando" funcionaba como una cortina de humo que cubría los objetivos rupturista, lo que puede también tomarse como estrategia para ganar tiempo y lograr  ese protectorado ingles a paladar de la oligarquía comercial. Aunque no contaban con la furiosa terquedad de lo que quedaba de la decadente monarquía española que se aferraba con uñas y dientes a "sus" colonias, así el Congreso en Tucumán significaba una demostración de fuerzas y de decisión. La revolución que iniciada en mayo 1810 llegaba a su punto más alto. La necesidad de este congreso luego de la derrota de Sipe Sipe (1815) donde se perdía el Alto Perú era esencialmente una demostración de urgencia, pero también de fuerza en la acción revolucionaria-independentista. 

La Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata fue festejada por Inglaterra que sin embargo no reconocía formalmente a un gobierno surgido de una "revolución", pero la relación del capitalismo británico con la oligarquía porteña latía mas fuerte que nunca. Esto  demostraría que ese juramento de declararnos "libres e independientes del rey Fernando VII, sus sucesores  y metrópoli y de toda otra dominación extranjera" quedaba solo en una mera declaración,  en letra muerta.

El zigzagueo de proyectos institucionales en todo el período independentista y posterior se enmarcan en los diversos intereses que las clases perseguían. La oscilación de visiones produjo un letargo temporal que permitió a su vez demorar: la declaración de la independencia y luego la sanción de una constitución. Ésta ultima abrirá nuevas facciones que seguirán obstaculizando la formación del estado. Los intereses de los sectores populares eran bien distintos de las élites porteñas y del interior. 

En el período podemos ver como se pasaba de decisiones como el Plan de Operaciones de Mariano Moreno que quería recuperar los territorios de Alto Perú con la idea de una ruptura abrupta con la corona a las misiones diplomáticas que intentaban ser "aceptables para Europa"

La Declaración de la Independencia sin dudas marcó un hito importante en nuestra historia, y aun con sus contradicciones (que seguimos teniendo) siempre es preferible que sigan dentro del marco de libertad para poder seguir debatiendo qué país queremos finalmente, sobe todo si entendemos que el plan de libertad económica aun no esta concluido.