Los primitivos dueños de la
tierra venían resistiendo la conquista del “hombre blanco” desde la llegada de
Solís, en 1516. Don Pedro de Mendoza debió abandonar Buenos Aires en 1536 por
la hostilidad de los pampas. Sólo a partir de la creación del virreinato y la
consecuente presencia de un poder político y militar fuerte, fue posible
establecer una línea de fronteras con el indio medianamente alejada de los
centros urbanos. Veamos:
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| Rosas y el inicio de las campañas del desierto. |
· Rosas, haciéndose eco de las demandas
de sus colegas estancieros sobre los constantes robos de ganado por parte de
los indios, encabezó la primera campaña al desierto. Entre 1833 y 1834, al
concluir su primera gobernación, Juan Manuel de Rosas, emprendió la primera
campaña financiada por la provincia y los estancieros bonaerenses preocupados
por la amenaza indígena sobre sus propiedades. Según un informe que Rosas
presentó al gobierno de Buenos Aires a poco de comenzar la conquista, el saldo
fue de 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y se rescataron 1.000 cautivos
blancos.
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| El sometimiento aborigen al "nuevo estado" |
· Tiempo después el gobierno de Avellaneda, a través
del ministro de Guerra, Adolfo Alsina impulsó una campaña para extender la
línea de frontera hacia el Sur de la Provincia de Buenos Aires. El plan de
Alsina era levantar poblados y fortines, tender líneas telegráficas y cavar un
gran foso, conocido como la "zanja de Alsina", con el fin de evitar
que los indios se llevaran consigo el ganado capturado. Antes de poder
concretar del todo su proyecto, Alsina murió y fue reemplazado por el joven
general Julio A. Roca. La política desarrollada por Alsina había permitido
ganar unos 56 mil kilómetros cuadrados, extender la red telegráfica, la
fundación de cinco pueblos y la apertura de caminos. El nuevo ministro de Guerra aplicará un plan
de aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva
y sistemática. El propio Roca había definido con sus palabras la relación de
fuerzas: "Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos
modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra
defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva". El
saldo fue el de miles de indios muertos, catorce mil reducidos a la
servidumbre, y la ocupación de quince mil leguas cuadradas, que se destinarían,
teóricamente, a la agricultura y la ganadería. Las enfermedades contraídas por
el contacto con los blancos, la pobreza y el hambre aceleraron la mortandad de
los indígenas patagónicos sobrevivientes. El padre salesiano Alberto Agostini
brindaba este panorama: "El
principal agente de la rápida extinción fue la persecución despiadada y sin
tregua que les hicieron los estancieros, por medio de peones ovejeros quienes,
estimulados y pagados por los patrones, los cazaban sin misericordia a tiros de
winchester o los envenenaban con estricnina, para que sus mandantes se quedaran
con los campos primeramente ocupados por los aborígenes”.
· El éxito
obtenido en la llamada “conquista del
desierto” prestigió frente a la clase dirigente la figura de Roca y lo
llevó a la presidencia de la república. Para el estado nacional, significó la
apropiación de millones de hectáreas. Estas tierras fiscales que, según se
había establecido en la Ley de Inmigración, serían destinadas al establecimiento
de colonos y pequeños propietarios llegados de Europa, fueron distribuidas
entre una minoría de familias vinculadas al poder, que pagaron por ellas sumas
irrisorias. Algunos ya eran grandes terratenientes, otros comenzaron a serlo e
inauguraron su carrera de ricos y famosos. Los Pereyra Iraola, los Álzaga
Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez, ya tenían
algo más que dónde caerse muertos. Algunos de ellos se dedicarán a la
explotación ovina poblando el desierto con ovejas; otros dejarán centenares de
miles de hectáreas sin explotar y sin poblar, especulando con la suba del
precio de la tierra. Aún hoy, el territorio de Santa Cruz tiene un porcentaje
de medio habitante por kilómetro cuadrado.
Roca había dicho: "Sellaremos
con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta
nacionalidad argentina, que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto, y
el poder de los imperios, a costa de sangre y el sudor de muchas generaciones".
En definitiva lo que buscaba
el estado que estaba surgiendo era un ciudadano nuevo, capaz de reconocer su
poder por encima de cualquier “obstáculo” y el indio parecía ser uno. De esta manera se aumentó
la concentración de tierras y se fue afirmando un feudalismo americano, pero la idea del Estado se había dado, el territorio fue "civilizado".![]() |
| Roca en plena conquista del desierto. |



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