lunes, 24 de septiembre de 2018

“La Batalla de Tucumán y la Virgen de la Merced”



INTRODUCCIÓN
En la llamada Batalla de Tucumán, un 24 de Septiembre del año 1812 dos ejércitos se enfrentaron por la ocupación de la región Norte del Virreinato del Río de La Plata. El ejército del Norte venía de Jujuy con el peso de una población redimida por las circunstancias y con un pelotón bastante debilitado. Sumado a que su Virreinato dio la orden para retroceder hacia la provincia de Córdoba de manera tal que “los recursos sean mayores”.  En el otro bando, el Ejército Realista llegaba de frenar los focos revolucionarios en el Alto Perú.  Era el día del enfrentamiento entre Patriotas y Realistas, lo que aconteció en esta fervorosa batalla fue la aparición de múltiples sucesos que desbalancearon a favor nuestro. Por citar un ejemplo: la lluvia de langostas que amenazó la contienda de manera inesperada.
El escritor Pablo Ortemberg plantea “…en este escenario casi bíblico…” una superioridad del Ejercito del Norte al poseer un territorio y clima ya indagado pero dejando lugar   a la idea del  milagro, porque desde se lo mire  cómo se puede explicar   la repentina presencia de un huracán y más aún  mediante la tradición oral “…de acuerdo a la experiencia de varios soldados al mando de Belgrano, venía a añadir que la misma Virgen había aparecido en el campo de batalla sobre una nube de polvo y su cuerpo blanco se había interpuesto a modo de escudo frenando las balas enemigas”[1].  Todo esto deja con la boca abierta a más de uno, la  gran pizca de epicidad de este  momento donde según las descripciones, emanaba en el cielo una figura de luz con forma humanoide y resistiendo el ataque del confundido enemigo deja con ventajas al ejército patriota. Si quisiéramos analizar esto último no podríamos dar lugar a la objetividad porque como Tucumanos y creyentes tenemos el derecho a pensar que ese umbral llegó para iluminar las cabezas de los justos, de proteger a su hijo más débil, como toda madre lo haría en una situación no tan alejada de la realidad. Y nuestra madre ese día protegió al pueblo Tucumano.
Dicho esto, se deja en claro que con este ensayo se tratará de analizar: La Batalla de Tucumán y el rol de Belgrano en su enorme creencia con respecto a la Virgen de La Merced, dando lugar a un pequeño análisis de  la forma en la que la Fe marca un eje en la vida social y política en la muchedumbre, abriendo el camino de análisis sobre el rol de las Vírgenes Generalas en la lucha por la independencia hispanoamericana

DESARROLLO
En nuestra tierra la relación de la lucha y de fe ligadas fue paulatinamente cambiando  el paradigma, se pasó de hacer sacrificios a reyes, a la tierra o  la misma patria a realizarlos a deidades en las batallas campales. Esta se da en las guerras de la cultura occidental como por ejemplo en la entrada de los árabes en España o en este caso, en la lucha por la independencia latinoamericana. “Si seguimos la trama religiosa de la guerra (…) habría que dar otro paso hacia atrás para comprender por qué Belgrano se preocupó tanto por introducir la práctica religiosa y aumentar la devoción mariana en su campaña.” [2] La religión es un centro importante en la vida de cualquier ciudad o pueblo. Su influencia es mucho mayor a cualquier ideología política. Ésta cumple una función que es la de moralizar al hombre, al de ponerle un límite o una contención a las dudas o temores que el posea. En momentos de desesperación puede en este caso la cruz alzarlo de valor, de un valor suma y puramente emocional que supera incluso su propia fuerza por así decirlo. La fe es algo sorprendente y único en su efecto. Belgrano sabia de esto y sin negar su fe se puede decir que lo insufló a sus tropas. La utilización del culto mariano en la práctica guerrera proviene de una larga tradición del antiguo régimen español.  El nombramiento de Vírgenes Generalas de ejércitos regulares y ya no patronas de regimientos constituyó una novedad en la historia de la guerra en América.
Anexar creencias y hechos históricos es un arma de doble filo, se la puede interpretar como una manera de trasmisión que trascienda generaciones e incluso fronteras para convertirse en un relato cultural popular de suma importancia, pero también que pueda ser tomado sin el peso historiográfico, abultado de  exageraciones,  sin embargo no es este el caso ya que la “Batalla de Tucumán” fue determinante para dar  continuidad a la revolución que nos llevara al 9 de julio de 1816. El uso exagerado del  recurso del elemento Fe ligado al militar puede dar lugar a contradicciones pues  los cielos no tomarían parte por “bandos” ya que en ambos hay hijos. Por ello se trata en este ensayo de dar contenido fundamentado a cada hecho o relato, el  recurso de la fe puede ser maravilloso en el marco de la lucha por la libertad más no una justificación de muertes en guerra.  ¿Por qué se usara el término recurso para este ensayo? Para unir el hecho histórico al relato oral. Luego el lector en su poder de elección podrá creer o no en ellos o si lo que ve se debe de considerar como canon.
  Realizar una crónica fiel a las  creencias religiosas, por más pruebas que se les dé, ya forma parte de una cultura popular internalizada en Tucumán y la región, ya queda impresa en la conciencia colectiva.

Hecho histórico y la Fe manifestada.
La batalla de Tucumán fue un enfrentamiento armado librado el 24 y 25 de septiembre de 1812 en San Miguel de Tucumán, el curso de la Guerra de la Independencia Argentina. El Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano derrotó a las tropas realistas del brigadier Juan Pío Tristán, que lo doblaban en número, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino. Junto con la batalla de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo de Tucumán permitió a los rioplatenses o argentinos confirmar los límites de la región bajo su control.
Belgrano bajaba a Tucumán desde Jujuy y cuando recibió una nueva y perentoria orden del Triunvirato para que se retire sobre Córdoba definitivamente, dejando en consecuencia libradas a su propia suerte las provincias del noroeste. Pero Belgrano  contesta que está decidido a presentar batalla porque lo estima indispensable. “Ni bien los tucumanos se enteraron de que Belgrano se encontraba cerca, fueron, alarmados, a reunirse con él y le ofrecieron todo lo que tenían a su alcance a fin de que no desamparase a la provincia y se quedara con ellos a enfrentar a Tristán. Cuenta Vicente Fidel López: grupos numerosísimos de hombres decididos y bravos acudieron a tomar servicio en sus filas"[3].
“En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día de la batalla, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen, e incluso la tradición cuenta que solicitó la realización de un milagro a través de su intercesión”[4]. 
Lucha y langostas. 
La lucha y el desorden en la batalla no eran lo extraño, si la oscuridad que aumentó por una inmensa nube de langostas. EL ejército de Belgrano acostumbrado a esto siguió luchando no así el ejército realista, esta confusión nos fue favorable.
El 25 por la mañana encuentra que Belgrano, con alguna tropa, está a retaguardia. Su situación es comprometida. Belgrano le intima rendición "en nombre de la fraternidad americana". Sin aceptarla y sin combatir, Tristán se retira lentamente esa misma noche por el camino de Salta, dejando 453 muertos, 687 prisioneros, 13 cañones, 358 fusiles y todo el parque, compuesto de 39 carretas con 70 cajas de municiones y 87 tiendas de campaña. Sus pérdidas de armas dejan al ejército patriota provisto para toda la campaña. Las bajas patrióticas, por otra parte, son escasas: 65 muertos y 187 heridos. Belgrano, esperando la rendición de Tristán, no lo persigue y sólo encomienda a Díaz Vélez que "pique su retaguardia" con 600 hombres. Durante la persecución, se entablan varios combates con resultados dispares. Al regresar a Tucumán a fines de octubre, trae sesenta nuevos prisioneros y 80 rescatados al enemigo.
Así, la victoria de Tucumán retempló los ánimos en todo el Virreinato, dando un nuevo impulso a la revolución allanando el camino hacia la Declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán (16/09/1816), la puesta en marcha del plan de liberación continental Sanmartiniano y la definitiva emancipación americana. 
Luego de estas victorias y la de San Lorenzo lograda por San Martín en Febrero de 1813, ambos patriotas, en unión de miras, bregaron incansablemente por la libertad de América destacando San Martín en todo momento la valía del vencedor de Tucumán al asegurar tiempo después que: “…aun careciendo de la ciencia de un Moreau o de un Bonaparte, Belgrano es lo mejor que tenemos en América".
Fueron Tucumanos, Salteños y Jujeños los que hicieron posible la continuidad de la lucha por la libertad, desde Buenos Aires solo se obtenían intereses mezquinos de la burguesía comercial y oligárquica. Por eso es que en definitiva fue nuevamente el interior de la patria que ponía la vida al servicio de la tan ansiada independencia, por eso hoy más que nunca debemos estar más orgullosos que nunca de ser provincianos, de ser protagonistas de una historia dura, cruel pero sincera y directa sin rodeos ni balbuceos.

Belgrano y su acto de Agradecimiento a la Virgen: la masificación del fenómeno.
Después de su victoria en Tucumán en forma inusitada el General Manuel Belgrano nombró Generala a la Virgen en su advocación de la Merced. Devotamente, Belgrano había pedido su intercesión horas antes de la batalla al advertir que la contienda tendría lugar el 24 de septiembre, el día de su procesión tan popular en San Miguel de Tucumán, y sabiendo que el ejército enemigo estaba mejor provisto en número y en experiencia, dejándole muy pocas probabilidades de obtener una victoria[5]. “…y ocurrió que un día en que se festejaba a Nuestra Señora de las mercedes, en cuya fiesta se había librado la batalla, entraron en la ciudad las tropas de regreso de sus correrías marciales, y aunque estaban llenas de polvo y sociedad y sudor, el general ordeno que se incorporaran a la procesión que en ese momento de efectuaba por el medio de la ciudad. El propio general, adelantándose a frailes, soldados, prisioneros y público, se acercó hasta la imagen portada en alto, hizo descender las andas, de modo tal que la imagen quedara a su altura y entonces, mientras la gente se preguntaba ¿Qué hará el general?, ¿iniciará el rezo del rosario?, ¿besará la imagen? ¿Qué se le ocurrirá?, mientras estas y otras cosas se escurrían por los pensamientos colectivos, Manuel hizo lo impensado: se desprendió de su bastón de mando y lo colocó en las manos de la Señora de las Mercedes…”[6] 
A partir de aquí  Belgrano se ocupó de que sus tropas permanentemente practicaran la veneración de N. S. de las Mercedes, la causa Santa cobro fuerza desde Tucumán  “…Los cabildos de Tucumán, Salta y Santiago del Estero convirtieron el 24 de septiembre en efemérides de una patria en construcción -sin dejar de prestar atención a sus advocaciones locales[7]. No se dejó de rezar el rosario en la tropa diariamente, por la mañana y tarde, aun en los momentos de mayor urgencia. Belgrano impuso severas penas a quien atentara contra las costumbres locales y se mostrara insolente con la religión. En sus cartas y comunicados oficiales a la junta, no dejaba de invocar su confianza en la Virgen Generala. Envió las banderas capturadas en batalla a los templos principales de esa provincia y de Buenos Aires para ser depositadas como ofrenda ante sus imágenes marianas. Las monjas de la capital voluntariamente enviaron a Tucumán una partida de 4000 escapularios con la imagen de N. S. de las Mercedes. Antes de comenzar el traslado hacia Salta, Belgrano los distribuyó entre la tropa en una ceremonia religiosa, presidiéndola desde el altar del templo de la Merced. Esos escapularios se convirtieron en divisa de guerra.

Las Vírgenes Generalas en la lucha por la independencia hispanoamericana
En la sumergida lucha por la independencia de los países de habla hispana, la advocación mariana cumple una función preponderante. Aunque parezca algo nuevo en nuestros conocimientos básicos sobre los procesos de emancipación, durante esos periodos se había convertido en una práctica común. El caso de Belgrano no fue el único, ni el primero ni el ultimo,  fue una “moda” que rondaba en las tácticas militares.
Desde la colonización, las figuras católicas se fueron acentuando en casi todos los extremos de la región. Pero hay que destacar algo, la convivencia con los credos de los Pueblos precolombinos. Esto simboliza que a pesar de las múltiples costumbres y creencias originarias dentro del territorio americano, la influencia europea fue más que solo una religión de imposición.
En Latinoamérica también encontramos el caso del Perú, allí se encontraron con la presencia de manuscritos que no solo describían de forma precisa los acontecimientos de las expediciones del Alto Perú, sino que se halló diversas coyunturas con respecto a la adoración de la Virgen María y entre ellas lo que más destacaba era precisamente una producción lirica a la Virgen como muestra de súplica para su pelotón, pedía que no decayeran y que lo protegieran de cualquier adversidad. En Bolivia también que también se tiño de esta modalidad, La Virgen de Guadalupe fue simbología de Revolución. No obstante lo que más sorprende en este caso, es que también esta figura fue usada por el bando enemigo, es decir el bando realista. En las ciudades de la Plata y Potosí su popularidad era inmensa, de hecho fue utilizada por los chuquisaqueños juntistas en 1809 como figura en su causa luego de la Batalla de Suipacha.
En cuanto al General Belgrano durante la Batalla de Tucumán, donde la protagonista fue la Virgen de La Merced, plasmó la lucha a través de un símbolo, símbolo que para la posteridad tomaría mucha fuerza; la entrega de ese bastón de mando declaraba no solo la fe del mismo general sino del pueblo Tucumano al momento que tomaba a la Virgen como protectora y generala del ejército criollo y no de otro y donde “…la batalla de Tucma se convirtió en la Batalla de las Vírgenes Generalas[8]
En síntesis vimos como Belgrano utilizó la figura Mariana en su Batalla en 1812, también el caso de Pezuela y de los fieles en Bolivia: como si fuera poco “…Más tarde, Rondeau en el escenario alto peruano, así como José de San Martín y Bernardo O’Higgins en el escenario cuyano y chileno continuarán la política belgraniana de la guerra religiosa invocando y celebrando la intercesión de la Vírgenes generalas…”[9] Sumado a que la Virgen de Guadalupe en México ayudo de manera enorme a Hidalgo de ganar su independencia. Mucho tiempo después las vírgenes recibieron sus respectivos homenajes ya sea asignándoles fechas, monumentos, entre otros.
                Aunque parezca un poco curioso, hay que destacar que la figura de María como mujer evoca a otras mujeres a luchar y plasmar un ideal, pero de manera un poco sigilosa, tal cual son los caso de Juana Azurduy, Eva Perón, Rigoberta Menchú, Elvia Carrillo Puerto, Frida Kahlo, Las madres y abuelas de Plaza de mayo, etc.
 Tal como lo dice la autora de origen polaco Katarzyna Różańska: “La madre es, indudablemente, la figura más poliédrica en el mundo de las creencias. Encarna el misterio de la vida; como María, madre de Cristo, la mujer latinoamericana lo sufre todo en silencio. Se convierte en objeto de adoración, carente de humanidad, hermética y pasiva…”[10]
La Virgen de la Merced pasó a la historia o torció la historia en Tucumán de 1812, la elección de la argumentación queda a criterio del lector. Este sencillo ensayo deja datos históricos con fuentes comprobables pero también a  da  a la fe un lugar importante.

Conclusión.
                Luego de analizar la Batalla de Tucumán, el rol de Belgrano junto a su fe en la virgen de la Merced y  el rol de las vírgenes generalas en la lucha por la independencia hispanoamericanas llego a la conclusión de que si no fuera por darle la espaldas al “tan patriótico triunvirato” en la imposición de retroceder hacia Córdoba resguardando así a Buenos Aires, hubiera dejado a merced  toda una población a manos de los realistas y posiblemente el sueño de la independencia se hubiera hecho más cuesta arriba e incluso se hubiera esfumado.
Aquel acto de hermandad de retroceder hacia territorio Tucumano dio lugar a la batalla de Tucma. Gracias a ella pudimos llegar a Salta y asegurar parte del Virreinato del Rio de La Plata. En este ensayo vimos la figura de la Virgen como signo de vigor en soldados patriotas preocupados por ganar una dificultosa pelea. El fulgor de la fe reanimó a los combatientes a realizar un enorme sacrificio por un bien común, esfuerzo sobrehumano que también lograron familias enteras y evidenciadas por ejemplo en el Éxodo Jujeño.
Las vírgenes generalas fueron todo un símbolo en Bolivia, México, Perú y Chile con lo cual vemos, y se ha comprobado en el presente ensayo, que el culto mariano en las batallas no le era desconocido a Belgrano y que hizo uso de esto también (sin dudar de su fe) para sumar a la Batalla que veía perdida. La virgen María es un fenómeno deslumbrante en Latinoamérica, sirvió como influencia no solo en los campos de batalla sino también para trascender en las masas. Es parte de nuestra esencia como habitantes hispanohablantes. Aunque creamos o no en ella, fluye en nuestras venas un espíritu de madre al ver a su hijo desprotegido y débil ante su otro progenitor más fuerte. 



[1] Cayetano Bruno cita en su libro dos testimonios coincidentes extraídos de las respectivas memorias de
doña Felipa Zavaleta de Corvalán y la del militar Juan Pardo Zela, ambos presentes en aquellos días.
Cayetano Bruno, La Virgen Generala…, pp. 208-209.
[2] Pablo Ortemberg, “Las vírgenes generalas: acción guerrera y práctica religiosa en las campañas del Alto Perú y el Río de la Plata (1810-1818)”, Capitulo 3, Pagina 28,
[3] Juan Pablo Bustos Thames. “Curiosidades Históricas del Bicentenario”. Ed. Vi-Da Global 2014
[4] Robledo Walter Daniel. “Batalla de la libertad: Tucumán 1812. Texto de Revalorización de la Fecha patria. IPR. 2017. Tucumán.
[5] Luego de la victoria escribe a su amigo el Dr. Pedro Andrés García, “Mi amado Perico: convéncete que nuestra causa nada tiene que agradecer a los hombres; ella está sostenida por Dios, y Él es quien la ha salvado…”, Tucumán, 20 de octubre de 1812, Epistolario Belgraniano, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1970, p. 168. Después de la victoria en Salta, escribe Belgrano a su primo Francisco Martínez Villarino, “…salimos bien porque Dios es quién protege nuestra causa, y El se ha encargado de dirigirla, manifestándonos que no debemos agradecer cosa alguna a los hombres…”, Tucumán, 12 de diciembre de 1812, Epistolario Belgraniano,…, p. 172. Prácticamente en la mayoría de sus cartas privadas y oficiales reitera su opinión sobre la conducción divina de la guerra, el protagonismo de Nuestra Señora de las Mercedes, el carácter santo de la revolución y la necesidad de las funciones de iglesia para mantener este lazo. Sobre la popularidad de esta advocación en la actual Argentina, Fr. José Brunet, “La Virgen de la Meced en la devoción popular del pueblo argentino, especialmente en la ciudad y departamento de Maipú”, Madrid, Revista Estudios, n. 138, julio-sept. 1982, pp. 365-377.
[6] María Esther de Miguel. “Las Batallas secretas de Belgrano”. Pag.200/1. Ed. Planeta. II Edición. 2001. Bs.As.
[7] Para el caso de Salta, por ejemplo, Chaile advierte que las Vírgenes de los Dolores, del Rosario y del Carmen fueron populares en la segunda mitad del siglo XVIII en el plano privado. Subraya los cultos locales a la Virgen del Milagro, de la Viña, de las Lágrimas y la de Nieva. Telma Liliana Chaile, “Las devociones marianas en la sociedad colonial salteña. Siglo XVIII”, Andes, n. 15, Salta, 2004, pp. 87-115.
[8] Extraída de Pablo Ortemberg
[9] Pablo Ortemberg, Las vírgenes generalas: acción guerrera y práctica religiosa en las campañas del Alto Perú y el Río de la Plata (1810-1818)”, Capitulo 5, Pagina 35
[10] Katarzyna Różańska, “Los arquetipos de la mujer en la cultura latinoamericana: desde la cosmovisión precolombina hasta la literatura contemporánea”, capítulo 4, página 5, Universidad Adam Mickiewicz, Poznan – Polonia, 2011.

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