(9 de julio de 2026)
Hay momentos
en la gestión educativa donde el cuerpo, cansado por las exigencias cotidianas
y las tensiones del día a día, de golpe se detiene, respira hondo y comprende
el sentido exacto de toda una vida dedicada a la escuela pública. El pasado 9
de Julio, la Modalidad de Educación Permanente de Jóvenes y Adultos de Tucumán no
solo desfiló: plantó un manifiesto político, pedagógico y humano en plena
avenida patria.
La jornada
comenzó a latir temprano. A las 10:30 de la mañana, sosteniendo firmes el
cartel que señalaba el punto de encuentro de la EPJA, vimos aparecer los
contingentes. De cada rincón de la provincia, alumnos, docentes y directores
confluían en una mañana donde un sol brillante y reconfortante parecía bendecir
la patriada. En ese abrazo inicial, comenzamos a repartir las bufandas sublimadas:
celestes con el sol patrio para cobijar el entusiasmo de los estudiantes del
nivel secundario, y blancas para vestir el compromiso del equipo docente y
técnico. No había cotillón de corso, no había camiones ornamentados. Había una
estética de la dignidad.
Toda la
simbología que alguna vez soñamos en un escritorio estuvo allí, latiendo en el
asfalto. Desde las "Pizarras de la Libertad" que abrieron la pasada
con la fuerza de la alfabetización, cruzando la solemnidad del secundario y sus
lecturas, hasta la potencia arrolladora de la Formación Profesional con sus
ponchos de la Revolución y sus herramientas de trabajo real. Cuando la columna
de 400 almas cruzó frente al palco oficial, el aire cambió. Hubo un silencio de
respeto y luego un aplauso diferente, espeso, conmovido. El pueblo tucumano
entendió que allí marchaba su propia historia. En algún rincón invisible del
lugar, Paulo Freire aplaudía emocionado al ver que la humildad poderosa de las vanguardias
pedagógicas le daba un sentido liberador al Día de la Independencia.
Como educador,
uno aprende a entrenar la mirada para rescatar lo invisible. Al terminar el
trayecto del desfile, con la emoción desbordando el pecho, pude resumir esa
gesta histórica en dos postales que justifican cada hora de desvelo, cada
proyecto defendido y cada trago amargo de la gestión:
Nada de esta
revolución en movimiento hubiera sido posible sin la maquinaria invisible que
sostuvo el andar. Al finalizar la jornada, me embargó una emoción profunda al
observar a mi equipo de secretarios de supervisión. Sin necesidad de
directivas, sin que nadie tuviera que recordarles sus roles, se convirtieron en
un solo cuerpo. Se apoyaron entre ellos, cuidaron a cada alumno del
contingente, resolvieron cada imprevisto en silencio. Fue una sintonía
perfecta: con solo mirarnos, interpretaron el espíritu de lo que nos estábamos
jugando en la calle.
La EPJA que
creamos y en la que creemos no regala credenciales vacías; repara la historia
personal de nuestro pueblo. Nos retiramos de la trinchera diaria sabiendo que
la semilla no solo germinó, sino que ya se transformó en un bosque de tiza, libros
y herramientas que nadie podrá talar. ¡Gracias, Circuito III! ¡Gracias,
Tucumán! La escuela pública sigue abierta, y volver a empezar sigue siendo
nuestro derecho más sagrado.


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